El
acta federal para la educación de personas con discapacidad (IDEA), establece
que los niños y adolescentes con discapacidad intelectual u otros trastornos
del desarrollo tienen derecho a una educación gratuita y apropiada impartida en
las escuelas públicas.
Generalmente
para el niño con discapacidad intelectual es mejor vivir en casa, sin embargo,
algunas de las familias no pueden proporcionarle en el hogar las atenciones que
precisa, especialmente en los casos de discapacidades graves y complejas. Esta
decisión es difícil y requiere ser tratada a fondo por la familia y el equipo
profesional de asistencia. Tener en casa un niño con discapacidad grave
requiere un cuidado abnegado que algunos padres no son capaces o no están en
condiciones de proporcionar.
Rescatada de :
https://089c4953-a-62cb3a1a-s-sites.googlegroups.com/site/familiaynee2013/familia-frente-a-distintas-nee/discapacidad-intelectual/redes-de-apoyo-de-sindrome-de-lowe/SINDROME.
El
Consejo Nacional de Fomento Educativo ha asumido el reto de brindar atención
educativa a los niños con discapacidad, conforme al principio de equidad que
significa dar respuesta diferenciada a las necesidades de cada niño, para que
logren el mejor desempeño de acuerdo con sus habilidades y capacidades; este principio
también se aplica en la vida familiar, la comunidad, el trabajo, la diversión y
el deporte. Se trata de aplicar la inclusión, es decir, ofrecer las mismas
oportunidades de participación que tienen los otros niños de la comunidad;
también los mismos derechos y obligaciones.
La inclusión es un conjunto de procesos y de acciones orientados a eliminar o minimizar las barreras que dificultan el aprendizaje y la participación. La promotora y el instructor deben aplicar este concepto en el aula y la escuela. El aula constituye un espacio de comunicación, relaciones e intercambio de experiencias entre niños y promotora o instructor, en el que todos los participantes se benefician de la diversidad de ideas, gustos, intereses, habilidades y necesidades de todos, al igual que de la variedad de experiencias de aprendizaje que la promotora o el instructor utilizan para propiciar la autonomía y promover la creación de relaciones afectivas que favorecen un clima de trabajo estimulante.
La inclusión es un conjunto de procesos y de acciones orientados a eliminar o minimizar las barreras que dificultan el aprendizaje y la participación. La promotora y el instructor deben aplicar este concepto en el aula y la escuela. El aula constituye un espacio de comunicación, relaciones e intercambio de experiencias entre niños y promotora o instructor, en el que todos los participantes se benefician de la diversidad de ideas, gustos, intereses, habilidades y necesidades de todos, al igual que de la variedad de experiencias de aprendizaje que la promotora o el instructor utilizan para propiciar la autonomía y promover la creación de relaciones afectivas que favorecen un clima de trabajo estimulante.
Según
Javier Abad publica en su artículo que la persona con discapacidad intelectual
se tiene que ver desde una perspectiva multidimensional, para poder ver los
diferentes aspectos de la persona, porque no se puede generalizar o solo mirar
un aspecto, tales aspectos como; el psicológico, el emocional, los físicos y
los que tienen que ver con la salud. Sin olvidarse del ambiente en donde la
persona con discapacidad vive, su entorno, su quehacer diario, donde se
desarrolla, su familia y también las inquietudes propias de la persona. Ver
también cuales son las limitaciones y capacidades que tiene, cuáles son los
apoyos necesarios que va a ir necesitando con el paso del tiempo, de esta
manera la persona con discapacidad puede obtener resultados personales
satisfactorios que repercutirá de una manera directa en su calidad de vida.
Para ello se tiene que hacer un diagnóstico concreto de la persona, de sus
limitaciones y sus capacidades, luego clasificar y planificar los apoyos que
serán necesarios para alcanzar los objetivos que se hayan marcado para llegar a
resultados personales de éxito. Se tiene que hacer un análisis de las
habilidades sociales y de adaptación de las personas con discapacidad
intelectual, para ver también que posibles problemas de comportamiento o de
adaptación social se pueden tener, para ello se tiene que trabajar en una
metodología basada en la intervención centrada en la persona y así se pueden
poner pautas para el desarrollo correcto del proceso de integración de las
personas con discapacidad.
Es
de gran importancia en el desarrollo de los niños con discapacidad intelectual
la adquisición de hábitos sociales y de autonomía personal. En el caso de
aquellos que están más afectados, porque será uno de los hábitos más
importantes en su evolución; y en los casos más leves, porque será una de las
principales garantías de éxito de su integración familiar y social.
Los hábitos de autonomía (control de esfínteres, alimentación, higiene personal y vestido) deben adquirirlos todos los niños, pero en el caso de los afectados con algún tipo de discapacidad intelectual, este trabajo se alarga mucho más en el tiempo. Esto es debido, por un lado, a la lentitud (especialmente en los casos más afectados) en el desarrollo fisiológico que retrasa el aprendizaje de la masticación, el control de esfínteres, etc. y, por otro lado, a las dificultades motoras, especialmente las manipulativas, que también retrasan de forma considerable la adquisición de ciertos hábitos de autonomía (atarse los zapatos, uso de los cubiertos, etc.). Aun así, a menudo también interfieren en gran manera las pautas inadecuadas del entorno para enseñar estos hábitos, ya sea de sobreprotección (el niño no aprende hábitos porque ya se lo hacen todo) o de rechazo (se considera una inutilidad enseñarle).
Los hábitos de autonomía (control de esfínteres, alimentación, higiene personal y vestido) deben adquirirlos todos los niños, pero en el caso de los afectados con algún tipo de discapacidad intelectual, este trabajo se alarga mucho más en el tiempo. Esto es debido, por un lado, a la lentitud (especialmente en los casos más afectados) en el desarrollo fisiológico que retrasa el aprendizaje de la masticación, el control de esfínteres, etc. y, por otro lado, a las dificultades motoras, especialmente las manipulativas, que también retrasan de forma considerable la adquisición de ciertos hábitos de autonomía (atarse los zapatos, uso de los cubiertos, etc.). Aun así, a menudo también interfieren en gran manera las pautas inadecuadas del entorno para enseñar estos hábitos, ya sea de sobreprotección (el niño no aprende hábitos porque ya se lo hacen todo) o de rechazo (se considera una inutilidad enseñarle).

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