En el matrimonio ante el nacimiento de un hijo con
discapacidad intelectual, es inmediatamente percibido por los padres como un
acontecimiento extraordinario, inesperado e incomprensible. Estos llegan a
producir síntomas de ansiedad o angustia, y se hacen interrogantes que hacen
que esos síntomas cada vez crezca más.
A esta situación se le suma la desinformación sobre el
desarrollo psicofísico de su hijo y consecuentemente, de sus posibilidades de
adaptación en el ambiente familiar, escolar, laboral y más que nada ante la
sociedad en general.
La presencia en la familia de un niño con discapacidad
intelectual se convierte en un factor potencial que llega a perturbar la
dinámica familiar. Una vez diagnosticada la discapacidad los padres y la
familia toman un cambio de actitud que implica un largo y doloroso proceso
educativo, con alto grado de estrés y con ello se entremezclan el rechazo y la
sobre-protección, junto con un sentimiento de miedo a lo desconcido y de
culpabilidad que hacen insufrible la propia vida. Cuando al niño se le
diagnostica discapacidad, en la familia se plantean dos principales problemas:
el niño en sí y el de la familia, ya que ésta no tiene la suficiente
información y preparación para poder enfrentarse con los problemas que irán
surgiendo ni como poder superarlos.
La aceptación es poder asentarse a la realidad,
comprender la situación y ponerse a la tarea de educar, no es cosa de un
instante , sino se requiere tiempo, esfuerzo y sobre todo paciencia. El
comienzo de esta aceptación se da cuando los padres toman conciencia de la
discapacidad del hijo, este comienzo es el principio de un camino que durará
toda la vida, en el que los padres están
dispuestos a poner todos los medios a su alcance para mejorar el desarrollo de
su hijo. Aceptar es estar dispuesto a todo por su hijo, saber que no es una
pieza aislada, sino una más del engranaje familiar, y que en esa familia tiene
un papel que hay que saber descubrirla y ponerla en condiciones de cumplirlo,
no es tarea fácil ya que ello requiere esfuerzo, dedicación, tiempo y
disponibilidad de recibir asesoramiento profesional.
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Recuperado en:
https://lamenteesmaravillosa.com/los-hijos-con-discapacidad-y-su-efecto-en-la-familia/
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Para lograr una aceptación es necesario enfrentarse al
dolor, con el sufrimiento que produce comprobar que un ser al que se ama padece
de una discapacidad no pasajera, sino permanente, que influye en su ser de
manera global, alterando la maduración normal del individuo, impidiéndole resolver
las situaciones que la vida le va a plantear; adaptación al medio,
aprendizajes, trabajo etc.
El sufrimiento es un camino de reflexión y por ello
conduce a la maduración de la persona. En ese sentido el dolor actúa como
fármaco que ayuda a conseguir en la personalidad metas que, sin él no se
alcanzarían nunca. El dolor enseña a ser comprensivo con los demás, a valorar
los hechos en su justo medio.
No solo los padres se ven afectados ante la presencia
de un niño con discapacidad, sino también los hermanos, ellos sufren
una serie de emociones y cambios en su vida, ya que muchas veces recae sobre
los hermanos mucha responsabilidad que no les competen y que hace que su
postura en el desarrollo social se vea afectada ya que ellos también tienen que
sacrificarse, lo que les puede provocar conductas negativas.

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